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Cantabria
El Nombre de Cantabria
3.000 Años de Historia
Las Guerras Cántabras
El Ducado de Cantabria
Los Nueve Valles
El Teju: el árbol sagrado de
los cántabros
Dioses y Ritos
Mitología
Nuestra Lengua
Trajes de Cantabria
El
Bolo Palma
Cantabria
Pueblo que no sabe su
historia es pueblo condenado
a irrevocable muerte; puede
producir brillantes
individualidades aisladas,
rasgos de pasión, de
ingenio y hasta de genio,
pero serán como
relámpagos que acrecentarán
más y más la
lobreguez de la noche.
Marcelino Menéndez Pelayo
Tiempo e historia te
abrazan Cantabria, tierra de
peñascos y montañas, pueblo
de
tenacidad y bravura, que a
través de los Siglos, has
ido escribiendo leyenda tras
leyenda.
Cuentan que fuiste capricho
de un Dios, que una noche
ante mil estrellas te soñó y
al
despertar las retó. A que
sería capaz de crear un
tesoro de cielo más hermoso
que ellas,
y te creó, Cantabria, te
moldeó, esculpió y te pintó
llena de sol. Cuando
terminó, te
contempló, y te vio tan
hermosa que te nombró su
reina, se arrodillo ante ti,
y lleno de
amor te entrego su Corazón.
Al igual que yo te amo
Cantabria, pero... que puedo
yo
escribir sobre ti, que no
hayan escrito antes, que
puedo decir si el tiempo, la
historia, van
abrazados a tu belleza, a ti
Cantabria. Cantabria... Si
un Dios no te hubiese
creado, te
hubiese inventado yo.
Albiar
Cantabria se ubica en el
norte de la península
ibérica, a orillas del
mar Cantábrico. Sus
fronteras son, al oeste,
el Principado de Asturias,
al este el País vasco, y
al sur Castilla y León.
Cantabria dada su
orografía montañosa, su
clima húmedo y su
ubicación en el litoral,
son factores que han
determinado su evolución
histórica y su identidad.
El aislamiento impuesto
por las montañas, explican
que Cantabria fuera hasta
hace dos siglos un país
apartado dentro del
conjunto hispano, relegada
al papel de bastión de
resistencia indígena de
distintos invasores
(romanos, Visigodos y
musulmanes). Cantabria
resulta impresionante por
su orografía agreste y los
relieves de la cordillera
cantábrica accidentada la
practica totalidad del
territorio,
compartimentado en valles
más o menos aislados cuyas
comunicaciones naturales
no suelen ser fáciles. La
cordillera culmina en
cumbres superiores a los
2.000 metros en la mitad
occidental de la región
(Torre Blanca con 2.617
metros, es la mayor
altitud de Cantabria ), y
algo más reducidas en la
zona oriental , con
desniveles muy fuerte
entre las cimas y los
fondos de los valles,
normalmente próximos al
nivel del mar. Los puertos
de montaña más fáciles de
acceso a la meseta se
sitúan en torno a los
1.000 metros de altitud,
pero tanto estos como los
pasos secundarios tienen
problemas de nieve en
invierno. En el extremo
occidental del país, al
abrigo de los elevados
Picos de Europa, se
encuentra la aislada
comarca de Liébana, regada
por el río Deva y separada
del resto de Cantabria por
el elevado cordal de Peña
Sagra . Al sur la extensa
comarca de Campóo.
SUBIR
El Nombre de Cantabria
La denominación de
Cantabria procede del
nombre del pueblo que
habitó esta región en la
antigüedad, al que
llamaban Cántabro. No es
segura la etimología de
este vocablo. La raíz <<cant>>
es celta o ligur y
probablemente, significa
piedra o roca. El sufijo
<<arb>> tiene un sentido
de <<relación a >>. Según
esto, Cántabro sería tanto
como habitante de las
peñas o de las montañas.
Cántabro, el pueblo que
habitaba la región de
Cantabria era conocido en
la antigüedad por las
fuentes grecos-latinas con
el nombre de Cántabro. Se
trataba de gentes de
montaña, que ocupaban un
territorio cuyas fronteras
rebasaban algo a las
actuales de la región. Así
, por el oeste, los
Cántabros llegaban hasta
el sella, al otro lado del
cual se asentaban los
Astures; por el sur
llegaban hasta Cistierna,
Guardo, Amaya, Bricia y
Espinosa de los Monteros,
Lindando con vacceos y
turmogos, y por el este,
el país de los Cántabros
incluía el valle de
Guriezo. Ocupaban, pues,
la zona montañosa hasta el
borde de las llanuras
Castellanas, dominadas por
las imponentes fortalezas
de la peña Amaya,
verdadera atalaya Cántabra
sobre las tierras de
vacceos y turmogos. La
zona más caracterizada de
Cantabria lo constituía
las fuentes del Ebro y la
franja costera que viene a
coincidir con su
meridiano. En realidad, se
trataba de un
conglomerado de pueblos
unificados y controlados
por gentes procedentes de
las inmigraciones
indoeuropeas del 700 antes
de Jesucristo
(probablemente los
plentuisios y blendios del
nacimiento del Ebro), y
del año 600 antes de
Jesucristo (los vellicos
de la zona sur del país).
Esto es lo que daba el
carácter predominante
<<Celta>> al pueblo. En el
que, por una parte,
existía a su vez
numerosos elementos
culturales locales que se
remontan, por lo menos, a
la edad de bronce y, por
otra, había influjos
celtibéricos foráneos que
iban superponiéndose,
especialmente desde del
siglo II antes de
Jesucristo. Los Cántabros
estaban divididos en
tribus o <<gentes>>,
probablemente no todas
ellas culturalmente
homogéneas. Además de las
tribus ya citadas, los
orgenomescos ocupaban una
extensa zona de la región
más occidental de la
costa, que incluían San
Vicente de la Barquera.
También se cita a los
avaríginos en el Alto
Nansa; a los salenos,
acaso, en las riberas del
Saja. Los Cántabros
coniscos tal vez ocupaban
Valderredible. Los
coniacos, la zona oriental
y los concanos,
posiblemente, la Liébana.
Por de bajo de la tribu
había una unidad social
elemental que se llamaba
<<gentilidad>> o clan. En
las costumbres de los
Cántabros había rasgos de
tipo indoeuropeo, y otros
muy acusados al menos en
ciertos ambientes,
evidentemente
preindoeuropeos. Entre
éstos destaca un cierto
comportamiento de carácter
matriarcal, con un
predominio no tanto de la
mujer como de la familia
de ésta sobre la del
marido, en temas de
propiedad, transmisión de
herencias y dotes
matrimoniales. El género
de vida es muy sobrio, las
fuentes de producción muy
escasas y reducidas a una
economía de subsistencia
fundada en la ganadería y
en la cultura elemental.
La actividad preferente
del varón era la guerra,
en la que los Cántabros
destacaban como guerreros
de un heroísmo a veces
rayando la locura. No solo
luchaban entre si, sino
que depredaban, en los
momentos propicios, los
ricos campos de la llanura
Castellana y se ofrecían
como soldados mercenarios
en países relativamente
lejanos. Por eso
adquirieron una merecida
fama de temibles
guerreros, amantes de sus
costumbres y de su
independencia. Cuando la
derrota era inevitable, no
rehuían el suicidio como
salida honorable, para lo
cual usaban una poción
letal extraída de las
hojas del tejo.
SUBIR
3.000
Años de Historia
La primera referencia
escrita que ha llegado a
nosotros, en el que se
cita al pueblo Cántabro se
remonta a 200 años antes
de Cristo. Su autor, el
historiador romano Marco
Porcio Catón, afirma que
el Río Ebro nace en
territorio de los
Cántabros. A partir de
aquel momento, las citas
sobres Cántabros y
Cantabria se sucede
ininterrumpidamente hasta
los tiempos de la
dominación Romana,
continuando después a lo
largo de todo el imperio y
el posterior reino de los
visigodos. La fama del
pueblo Cántabro está
corroborada por las casi
ciento cincuenta
referencias que sobre él
aparecen en los textos
griegos y latinos, tanto
históricos y geográficos
como literarios,
conservados. La razón
suprema de aquella
celebridad fue la tenaz y
heroica resistencia que
mantuvieron contra los
ejércitos romanos por
espacio de más de diez
años, en desesperada
defensa por su
independencia y libertad.
Por supuesto, era el más
conocido de los pueblos
del Norte de España, hasta
el punto de que los
romanos bautizaron con su
nombre a todo el mar que
baña la costa
septentrional de la
península. Aunque
administrativamente
sometido a los invasores,
el pueblo Cántabro no
perdió su identidad, como
demuestran, sin lugar a
dudas, los testimonios
epigráficos que han
llegado hasta nosotros, en
donde, generalmente,
aparece constancia de que
quienes los elevaron
pertenecían a la nación
Cántabra. Paralelamente,
existen numerosas
evidencias de que
mantuvieron en gran medida
sus costumbres,
instituciones y creencias
ancestrales, hasta el
punto de que, aunque la
mayoría de los restantes
pueblos hispanos perdieron
su identidad anterior a lo
largo de la dominación
romana, los Cántabros
lograron mantenerla. A la
caída del imperio, este
pueblo dio tan claras
muestras de vitalidad como
para asumir el radical
protagonismo histórico de
recuperar su vieja
independencia frente al
reino visigodo. Parece que
eran buenos artesanos en
la forja de hierro y en
las técnicas de la madera.
En su ajuar guerrero
figuraban armas y adornos
similares a las de otro
pueblos Celtas de la
meseta (espadas tipo
Bernorio, puñales de
antenas, fíbulas de doble
resorte...), junto a
elementos comunes a otros
pueblos peninsulares, como
la caetra o pequeño escudo
redondo y los dardos y
jabalinas, en cuyo manejo
eran maestros. Por lo que
se refiere a los cultos
religiosos, parece que en
la Cantabria prerromana se
adoraba a una diosa madre,
que después, en época
romana, fue designada con
el propio nombre del país,
es decir, Cantabria.
Posiblemente a ella,
identificada con la luna,
era a quien se rendía
culto con animadas danzas
y festejos en la noches de
plenilunio, según nos
cuenta Estrabón. Existía
también un dios de la
guerra, identificado más
tarde con el Marte latino,
a quien los Cántabros
ofrecían en holocausto
caballos y prisioneros. La
sangre caliente de los
primeros era bebida
ritualmente por los
individuos de la tribu
Cántabra de los concanos,
según diversos
testimonios. Había ,
además, un dios de la
tormenta, que más tarde
parece designarse con el
nombre de Júpiter
Cantabricus, al que se
dedicaban hachas votivas
en los lugares donde caían
los rayos. Otros dioses
locales, cuyo nombre
conocemos, aunque no sus
atributos, eran
Cabuniegino y Erudino.
También sabemos que los
Cántabros veneraban las
cumbres de ciertas
montañas, las fuentes, los
ríos y otros elementos
naturaleza. A los
difuntos, que normalmente
debían ser incinerados, si
había muerto heroicamente
en el combate se les daba
un trato especial, dejando
que su cuerpo fuera
despedazado por los
buitres, con el fin de que
el alma pudiera emigrar al
cielo con mayor premura.
Esta costumbre es la que
parece estar representada
en la famosa estela de
Zurita. Normalmente, los
Cántabros habitaban en
poblados fortificados
sobre un alto; es lo que
se domina<<castro>>. En el
sur de Cantabria, donde
tales fortalezas fueron
objetos de mayor atención
en razón de la defensa del
país, conocemos magníficos
ejemplares, como peñas
Amaya, monte Cildá, monte
Bernorio y otros en la
región de Campóo.
SUBIR
Las Guerras
Cántabras
Primeramente se luchó
contra los Cántabros
bajo las murallas de
Bergida. De aquí huyeron
al elevadísimo monte
Vindio, allí creían que
antes llegarían las
aguas del océano que las
armas romanas
Lucio Anneo Floro.
La llegada de los romanos
a la península Ibérica
tuvo lugar en el año 218
antes de Cristo con el
desembarco
protagonizado por Escipión
en Ampurias en el marco de
la segunda Guerra Púnica.
Lo que en Principio era
una operación militar
contra los cartagineses,
que desde Cartago Nova
(Cartagena) controlaban el
cuadrante sudeste de la
Península, al término de
esta guerra ya se traducía
el dominio romano sobre
todo el aérea
mediterránea. A lo largo
del siglo II antes de
Cristo, Roma se fu
extendiendo de forma
progresiva hacia el
interior de la península,
venciendo la dura
resistencia de casi todos
lo pueblos indígenas, de
tal modo que la conquista
de Hispania no se completó
hasta prácticamente dos
siglos después de su
inició, en el año 19 antes
de Cristo. Precisamente
los Cántabros y sus
vecinos serían los últimos
pueblos en ser sometido
por Roma, conociéndose con
el nombre de Guerras
Cántabras a los
enfrentamientos bélicos
que culminaron con la
conquista de estos pueblos
por las legiones de
Octavio Augusto. Los
historiadores romanos
justificaron esta campaña
contra los cántabros y
astures como una respuesta
a las incursiones de
saqueo que éstos
realizaban en las tierras
cerealistas de la meseta,
habitadas por pueblos ya
sometidos a Roma. Casi
todo lo que conocemos
sobre las Guerras
Cántabras se lo debemos a
diversos autores latinos
que escribieron sobre la
mismas, principalmente
Dion Cassio, Floro y
Orosio. Sin embargo ellos
no fueron testigo de las
operaciones, sino que
escribieron muchos años, e
incluso varios siglos
después, consultando otras
obras más antiguas que no
han llegado hasta
nosotros. Los textos han
sido objeto de
interpretaciones muy
diversas. Las guerras
Cántabras se desarrollaron
entre los años 29 y 19
antes de Cristo, si bien
los tres primeros debieron
ser de tanteo, con
escaramuzas al sur de la
cordillera. el comienzo de
las operaciones a gran
escala contra los
cántabros tuvo lugar en el
año 26. Por lo demás, la
romanización de Cantabria
debió ser un barniz
superficial, pues a la
caída del Imperio los
Cántabros recuperaron sus
viejos modos de vida, lo
que sería impensable en un
territorio que hubiera
sido civilizado por Roma.
En realidad la
romanización borró la
identidad de la totalidad
de los pueblos Prerromanos
de Hispania, exceptuando a
varios pueblos del Norte:
los galaicos, los astures,
los vascones y, por
supuesto, los cántabros.
Cuenta la leyenda: que el
jefe de los cántabros,
llamado Corocota, el cual
se presentó ante los
romanos para cobrar la
recompensa que éstos
habían puesto a su cabeza,
250.000 denarios; al
parecer la osadía del
cántabro sorprendió tanto
a Agusto que, estupefacto,
le dejo marchar libre.
SUBIR
El Ducado de
Cantabria
El Ducado de Cantabria
fue creado durante el
reinado del rey
visigodo
Ervigio (680-687
ddC), con el fin de dar
cierta autonomía a la zona
para garantizarse la paz en
el norte de la
Península Ibérica. La
aparición documental de este
nombre data del año 883,
cuando aparece en la
Crónica Albeldense al
tratar
Alfonso I de Asturias
(739 al 757) diciendo:
iste Petri Cantabriae ducis
filius fuit, es decir,
"junto a la figura se cita
el título de Duque de
Cantabria", que atestigua la
territorialidad de su
ducado, aun cuando no
existían citas de ninguna
época que determinen la
extensión que pudiera tener
el mismo pero que según el
historiador Maza Solano era
más o menos el mismo que el
de la
Cantabria romana.
Amaya era su capital,
localizada en el extremo sur
del Ducado y en la ahora
provincia de Burgos.
Las citas sobre el Ducado
vuelven a encontrarse en las
crónicas; así, la de
Alfonso III dice:
Adefonsus filius Petri
Cantabrorum ducis y el
historiador Sánchez Albornoz
centra la fundación del
Ducado de Cantabria en el
último siglo de la historia
hispano-goda cuando este
territorio dejó de ser un
enemigo y un peligro para la
monarquía por el posible
hecho de que durante esta
época integrara un ducado
regido por un
Dux, delegado regio en
el país, elegido entre los
jefes guerreros,
estableciéndose como primer
duque de Cantabria a
Favila, señor de
Liébana y del territorio
que delimitaban los ríos
Sella y
Deva.
Basándose en éstas y
otras fuentes históricas
hispanas, titulan Duque de
Cantabria a
Pedro (segundo Dux de
Cantabria), padre del Rey
Alfonso I el Católico,
entre otras, las Crónicas de
los Obispos Rodrigo Ximènez
de Rada Toledano (siglo
XIII); Lucas Tudense (Eo
tempore Adefonsus
Catholiicus, Petri,
Cantabriensis Ducis filius);
laCrónica General de
don
Alfonso X el Sabio (año
1289, fundamentada en la
Crónica Mundi de
Lucas de Tui del año
1230), Firmiter omnes
obtinui munitipnes, sucit a
victoriosísimo Rege Domino
Adefonso, Petri Ducis filio
y el cronista Assas en su
Crónica General de España.
Según el historiador
Joaquín González Echegaray
en su obra Cantabria
Antigua,
Pelayo (quién en calidad
de soldado profesional
encabezó la sublevación
inicial de los campesinos
nativos de una zona del
territorio de la Cantabria
Occidental contra cierto
control ejercido por el
gobernador árabe de
Asturias,
Munuza) es nombrado
jefe de los astures, logra
la liberación de toda la
Asturias Trasmontana del
dominio
cordobés y decide sellar
un pacto con las otras zonas
independientes del norte de
España, que entonces
controlaba el antiguo Duque
de Cantabria, Pedro.
Bajo dicho pacto se
concierta el matrimonio de
Ermesinda, hija de
Pelayo, con Alfonso, hijo
del Duque Pedro,
consolidando de esta forma
la federación de ambos
núcleos
cristianos de lucha
contra el Islam. A la muerte
de Pelayo en el
737, es nombrado jefe de
los Astures su hijo Fáfila
(o
Favila) quien dos años
después resulta despedazado
por un oso durante una
cacería en los
Picos de Europa. Es
entonces el momento en que
el cántabro Alfonso es
proclamado jefe único de
todos los pueblos sublevados
por su doble vinculación con
el movimiento
cántabro-occidental a través
de su esposa, y con el resto
del movimiento cántabro por
su filiación respecto al
Duque Pedro. Así se
establece una verdadera
unión permanente, el
territorio se ensancha y
Alfonso, pareciéndole
desfasado y poco
significativo el antiguo
título de
duque, se decide a usar
por vez primera el título de
rey: Rey de los
cántabros-astures (Alfonso
I, El Católico).
El reino estará
controlado por la Dinastía
de la Casa de Cantabria, en
la que destacarían reyes tan
importantes como, aparte de
Alfonso I, su hijo y nieto
Fruela I y
Alfonso II el Casto y
los nietos de Pedro,
Aurelio y
Vermudo I, que eran
hijos de Fruela, Duque de
Cantabria y primer Conde
de
Castilla.
Bibliografía
- ECHEGARAY GONZALEZ,
J.; Los Cántabros.
Ed. Librería Estvdio.
Santander. 1993
- SAIZ FERNÁNDEZ, J.R;
El Ducado de Cantabria,
origen de un Reino.
Tantín. Santander. 2002
SUBIR
Los Nueve Valles

Uno de los procesos más
interesantes de la Edad
Moderna en Cantabria fue
la progresiva unión de las
jurisdicciones locales, la
cual culminó en 1778 con
la formación de Cantabria.
El proceso se remonta a
finales de la Edad Media,
momento en que los grandes
dominios señoriales
aprovecharon la debilidad
o la complicidad de la
monarquía para extenderse
por los territorios de
realengo, que en Cantabria
eran muchos. Frente a
estos abusos los valles y
villas intentaron
defenderse con sus exiguas
fuerzas, como en los casos
del Valle de Toranzo
frente a los Manique, o
las villas de Santillana y
Santander frente a los
Mendoza (Casa de los
Vega.) . Pero salvo en el
caso santanderino, villa
que resistió al asalto de
las fuerzas del marques de
Santillana socorrida por
gentes de Trasmiera y
otras villas de la costa,
los pequeños territorios
cántabros no pudieron
hacer frente a la fuerza
militar señorial. La vía
jurídica, denunciando los
abusos señoriales ante las
instancias
correspondientes (Real
Chancillería de
Valladolid), se demostró
más eficaz, si bien muy
lenta, pues los pleitos se
prolongaban durante muchas
décadas debido a los
recursos y apelaciones que
realizaban los grandes
señores. En 1495 el Valle
de Carriedo presentó una
demanda ante la
Chancillería denunciando
los abusos del marqués de
Santillana, que había
tomado dicho valle por la
fuerza. Los carredanos
obtuvieron sentencia
favorable en 1499, si bien
las distintas apelaciones
del marqués de Santillana
prolongaron el ''Pleito
de Carriedo'' hasta el año
1546, cuando se pronuncio
la sentencia definitiva
confirmando las
pretensiones carredanas.
Animados por este
precedente, nueve de los
valles de Asturias de
Santillana, en adelante
los Nueves Valles, se
unieron para entablar su
correspondiente pleito y
restablecer su estatuto de
reales valles frente a los
abusos del marqués de
Santillana. Eran los
reales valles de Camargo,
Villaescusa, Penagos,
Cayón, y Piélagos por un
lado, y los de Reocín,
Alfoz de Lloredo, Cabezón
y Cabuérniga por otro,
separados ambos grupos
precisamente por las
posesiones señoriales de
los marqueses de
Santillana (Mayordomado de
la Vega). Presentada la
demanda en 1544 ante la
Chancillería de
Valladolid, obtuvieron
sentencia favorable en
1553, si bien los recursos
del marqués de Santillana
retrasaron la sentencia
definitiva del llamado
''Pleito de los
Valles''hasta 1581.
Finalizado el contencioso
favorablemente, los Nueve
Valles decidieron mantener
su unión y constituir una
''provincia'', para lo
cual levantaron una casa
de juntas en Bárcena la
Puente, actual Puente San
Miguel, en el Valle de
Reocín. La Provincia de
Nueve Valles sería el
embrión de la Provincia de
Cantabria, pues en los
siglos siguientes
mantuvieron su unión y
libertades, y además
convocaron a sus juntas a
otras jurisdicciones
cántabras para hacer
frente a los problemas
comunes, que eran
fundamentalmente los
abusos señoriales o de la
propia Corona. Otro
precedente importante fue
la Hermandad de las Cuatro
Villas de la costa
(Castro, Laredo,
Santander, y San Vicente),
cuyos orígenes se
remontaban a la Edad
Media, si bien la
documentación de sus
reuniones que se conserva
ya pertenece a la Edad
Moderna. Las juntas de las
Cuatro Villas se
celebraban en Bárcena de
Cicero, o bien en
cualquiera de las villas,
pero siempre con carácter
de absoluta igualdad entre
ellas. El establecimiento
en época de los Reyes
Católicos de un
corregimiento sobre las
cuatro villas dio lugar a
una curiosa situación en
la que el corregidor y su
familia residían tres
meses al año en cada una
de las villas. Laredo
pretendió ser la capital
del corregimiento, con la
oposición de las restantes
villas, pero el corregidor
ansiaba lógicamente tener
una sede estable, y
finalmente en 1629 Laredo
consiguió su designación
como residencia del
corregidor, aunque ello no
significaba que fuera la
capital, como se haría
constar expresamente. En
1727 se produjo el primer
intento conocido de
agrupar a todas las
jurisdicciones cántabras
en un cuerpo provincial.
En la villa de Santander
se reunieron los diputados
de ''este Partido de las
Cuatro Villas de esta
Costa de la Provincia de
Cantabria'', comprendiendo
todo el territorio de este
corregimiento, es decir
desde los valles hoy
asturianos de Peñamellera
y Ribadedeva y la
Provincia de Liébana,
hasta Castro Urdiales y
los valles hoy burgaleses
de Mena y Tudela. Así
pues, la proyectada
provincia cántabra
abarcaba todo el espacio
comprendido entre el
Principado de Asturias y
el Señorío de Vizcaya,
faltando a ella únicamente
la Merindad de Capóo, que
a lo largo de la Edad
Moderna tuvo su propio
corregimiento dependiente
curiosamente de Toro
(Zamora). Sin embargo las
ordenanzas redactadas y la
propuesta presentada no
obtuvieron la aprobaciónde
la Corona, y el proyecto
no fructificó, al igual
que otros intentos que se
hicieron en los años
siguientes con idéntica
motivación. Todavía hubo
que esperar medio siglo
hasta la histórica junta
celebrada el 28 de julio
de 1778 en Puente San
Miguel, cuando 27
jurisdicciones de las
Asturias de Santillana y
la provincia de Liébana
constituyeron solemnemente
la Provincia de Cantabria
y aprobaron sus
ordenanzas, invitando
expresamente a las
restantes jurisdicciones
del Partido y Bastón de
las Cuatro Villas a que se
sumaran a la nueva
provincia. Las ordenanzas
de la provincia de
Cantabria fueron aprobadas
al año siguiente por el
rey Carlos III, y
sucesivamente se fueron
incorporando a la misma
las demás jurisdicciones
de las Asturias de
Santillana, así como las
tres Villas Pasiegas. La
ciudad de Santander
también se integró, si
bien trató de hacerlo con
una preeminencia que las
demás jurisdicciones le
negaron, por lo que su
participación en las
reuniones fue conflictiva
y de carácter irregular.
En definitiva, esta
Comunidad de Cantabria
agrupó a la mayor parte de
la actual, si bien
quedaron al margen las
merindades de Campoo y
Trasmiera, así como otras
jurisdicciones de la zona
oriental. Debe destacarse
que esta provincia no fue
una de tantas
jurisdicciones creadas a
lo largo de la historia de
la Corona, tales como
merindades, corregimientos
u otras, todas ellas fruto
de la iniciativas del
poder central. Por el
contrario la Provincia de
Cantabria se constituyó
por la iniciativa
voluntaria de los valles y
villas de la región, que
culminaron de esa manera
el desarrollo de sus
instituciones
tradicionales de
autogobierno: concejos
abiertos, con
participación de todos los
vecinos; valles que
agrupaban a los concejos,
con representación de cada
uno de ellos; y la
Provincia de Cantabria, en
cuya juntas Generales se
reunían los diputados de
los distintos valles y
villas bajo la presidencia
de un Diputado General. La
vida de la Provincia de
Cantabria se prolongó
durante casi medio siglo,
pues las últimas juntas de
Puente San Miguel de las
que existe noticias se
celebraron en 1824, si
bien los avatares de la
Guerra de la Independencia
y la abierta hostilidad de
la ciudad de Santander
hacia el proyecto fueron
socavando su vitalidad. En
la época del trienio
Constitucional
(1820-1823), al discutirse
el proyecto liberal de
hacer una división
racional de España en
provincias, las presiones
del Ayuntamiento de
Santander lograron
desplazar el nombre de
Cantabria de las
propuestas e imponer la
titulación de Santander
para la nueva provincia,
de manera que no hubiera
dudas sobre su
capitalidad, puesto que
los santanderinos aún
recelaban de Laredo. Así
pues, cuando se crearon
definitivamente en 1833
las provincias españolas,
nació la Provincia de
Santander y el viejo
nombre de Cantabria volvió
a quedar relegado
oficialmente durante siglo
y medio.
Extraído del libro: Breve
Historia de Cantabria
Fernando Obregón Goyarrola
SUBIR
El Teju: el árbol sagrado
de los cántabros
El tejo o teju común (Taxus
Bacata Linnaeus, de la
familia de Las Taxaceae)
es un árbol que crece y se
desarrolla en Cantabria de
una manera espontánea
(autóctono) por toda ella;
preferentemente en las
laderas sombrías,
barrancos y hondonadas de
las montañas, expuestas al
norte, procurando evitar
el estar a pleno sol.
Prefieren los suelos
calizos. El tronco es
fuerte. La corteza es
delgada, marrón rojiza y
después se vuelve
escamosa. Las ramas, muy
extendidas, bastante
horizontales y muy
abiertas, masculinas y
femeninas, están en
distintos árboles. Las
masculinas, con numerosos
estambres, forman globitos
amarillos, y las femeninas
están constituidas por un
solo rudimento seminal
que, cuando maduran
(fruto) forman un arilo
carnoso viscoso y de
coloración rojiza muy
viva. Es de crecimiento
lentísimo y puede vivir
más de 1.000 años. Todos
los órganos del teju son
extremadamente tóxicos:
raíces, ramas, hojas,
semillas, etcétera, y lo
único inocuo, que no tiene
toxina (alcaloidevenenoso)
es el arilo carnoso y
encarnado (fruto), pero
quitándole las semillas.
Ya nos dice Estrabón cómo
nuestros antepasados los
Cántabros usaban el teju,
que llevaban siempre
consigo, para entregarse
de tal manera a su jefe
que prometían no
sobrevivirle, muriendo con
él si era necesario.
Quizás sea el Árbol mítico
más representativo de
Cantabria.
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Dioses y Ritos
La Estela de
Barros: La estela
es una piedra monolítica
de forma discoidal que
recuerda
a
los difuntos. La de Barros
constituye un vestigio
gigante; está decorada en
bajorrelieve con anillos
concéntricos, motivos
geométricos y una
esvástica en el centro. La
estela es identificada
como elemento y seña de
cantabricidad. El símbolo
central es, probablemente,
de origen celta (uno
idéntico aparece en la
bandera del pueblo de
Kilkenny, Eire). Conocida
como «La rueda de Santa
Catalina» o «De la
Virgen», apareció muy
cerca de la ermita, en un
prado denominado «Los
Lombos de la Rueda», en
el pueblo de Barros,
perteneciente al
Ayuntamiento de Los
Corrales de Buelna, y data
de 400 años antes de
Cristo. Otros símbolos
similares han sido
encontrados desde entonces
en otras partes. El
símbolo es conocido como
la Estela de Barros y se
cree que los antiguos
cántabros la usaron como
bandera en sus guerras
contra Roma. La estela
original ( 170
centímetros de diametro y
32 centímetros de espesor
de piedra arenisca) se
encuentra en el Parque de
las Estelas, junto a la
ermita de "Nuestra Señora
de la Rueda" (Barros). Su
figura aparece en la parte
baja del escudo de la
comunidad autónoma de
Cantabria.
Los cántabros practicaban
cultos de tipo
naturalista: veneraban a
los montes, bosques,
lagos, serpientes. Las
representaciones solares
de las numerosas estelas
gigantes que se han
encontrado, hacen suponer
que también existiría el
culto a un dios solar. Se
han encontrado en Zurita
de Piélagos, Barros y
Lombera en Buelna y San
Vicente de Toranzo. Se las
considera de la Cantabria
prerromana, aunque también
pudieron haberse creado
bajo dominio romano,
puesto que también se
conocen estelas discoideas
con inscripciones latinas
como la de Luriezo (
Cabezón de Liébana ).
También se conoce el
nombre de un dios,
Erudinus, a quién se
rendía culto desde la cima
del Pico Dobra, en
Torrelavega. Existía un
dios-padre, asimilado más
tarde al Júpiter romano.
En Herrera de Camargo se
descubrió una bella
escultura de bronce que le
rendía culto. También
aparece un dios de la
guerra cántabro que en el
futuro sería asimilado al
Marte latino al que se le
ofrecían sacrificios de
cabras, caballos y
prisioneros. Parece estar
confirmada la presencia de
una diosa llamada
Cantabria. Se ha
encontrado un ara votiva
en el Danubio, hasta donde
llegaron los soldados
cántabros con el ejército
romano, dedicada a esta
deidad. Esta diosa podía
estar relacionada con
algún tipo de culto a la
luna. También existe un
indicio de culto a las "matres".
En el monte Cildá apareció
una ara dedicada a la
diosa Mater Deva, conocida
en el mundo céltico y
relacionada con las aguas.
El río Deva en Cantabria,
permite establecer la
relación con la diosa.
Hemos sabido que los
cántabros sacrificaban a
sus prisioneros en gran
número y que las cuevas
tenían gran importancia
para el pueblo cántabro,
puesto que las utilizaban
con fines funerarios.
Por una pequeña escultura
de bronce encontrada en
Castro Urdiales sobre un
escarpado monte, deducimos
que los
cántabros de la costa
veneraban a un dios del
mar, asimilado
posteriormente al Neptuno
latino, aunque en este
caso, el Neptuno cántabro
se presenta como un joven
imberbe que lleva un
collar en forma de media
luna. Aparecen otros
atributos clásicos como el
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